Bernardo O'Híggins, Supremo Director de la República de Chile , Brigadier General de los Egercjtos de la Pa- tria y Almirante y Presidente ds la Legión de mérito de Chile &. &. A Los Habitante® del Perú. M- O os saludo, ilustres hijos del Sol, y me felicito cün vosotros al presentir que se aproxima el día que lia de formar la época m«s be- lla de los fastos de la humanidad, el día en que un vasto continente dege de ser propiedad de una nación extraña, y comienze á pertenecer á sí mismo, y á beneficiar á todo el universo. Ya se hace á la veía la expedición destinada á libertar el suelo de los Incas; ya están cum- plidas nuestras promesas, y vuestros deseos, El Gobierno de Chile ha Vencido, para realizarla, obstáculos que parecían insuperables; ha hecho sacrificios inmensos; y confiando la dirección de vuestros futuros desti- nos al genio superior del Aníbal Colombiano, y su egecucion á la dis- ciplina y al valor de los vencedores de Chacabuco y May no, ha sa- tisfecho la deuda que había contraído consigo mismo, con vosotros, con la America toda, eon toda la especie humana. Después de las horribles vejaciones y de los crueles ultrages que habpig teuíndo, después de ias repetidas invocaciones que habéis hecho á la libertad, cuando veis á la nación opresora aislada del mundo y de su siglo, sin fuerza sin crédito, y despedazada por una guerra intestina, cuando todo el orbe político y moral se ha cambiado en Europa y en América, el dudar de vuestra cooperación en una empresa tan noble y tan importante se- na hacer un msuiío á vuestra razón, y á vuestra sinceridad, Mas para que esa cooperación sea eficaz, es necesario que sea tan general como instantánea. La Patria, ó Peruanos, espera de vosotros un vivo entusias- mo, v una decisión sin limites: ella os dice que la libertad es el centro moral, que ha de unir á todos sus hijos con vinculo común; y que para conquistarla, deben desaparecer la indiferencia y el frió cálculo ante la simpatía de las opiniones y derechos, ante el cúmulo de bienes que han de resultar. La humanidad también os llama á que abraséis nuestra cau- sa; y supuesto que la insurrección tiene que triunfar al fin, por que la protege el genio de la civilización, corred á alistaros bajo sus gloriosos estandartes para que cesen los estragos de la guerra, y no corra inú- tilmente la sangre del Americano. Volad, pues, al campo sagrado del ejército libertador. Vo- lad, y ge desplomó el edificio de la tirania ; volad, y la ao-ri- cuUura, la industria y el comercio, las artes y las ciencias em- puñaron el cetro del nuevo mundo. Ya es tiempo de que se mez- clen el mirto y el olivo con los laureles de los hijos de la libertad.— Valparaíso S. de Agosto de 1820* Bernarda O'Higgins. i H¿- o