A¿ CARTA PASTORAL EN LA QUE 3EL ILLmó. SEÑOR Do Do LUIS PÉNALVER Y CÁRDENAS ARZOBISPO DE GUATEMALA, EXORTA A LOS FÍELES DE SU DIÓCESIS AL CUMPLIMIENTO DE LOS PRECEPTOS DE LA CONFESIÓN* T COMUNIÓN ANUAL. Impresa en la Oficina de D. Manuel de Arevalo. NPQHNHHBMMMMMMMMMHVMMaiaMMI Nos Dr. Don Luis Peñalvér y Cárdenas, por la gracia de Dios, y de la Sta. Silla Apostólica, Ar- zobispo de Guatemala, del Con- sejo de S, KL juL nuestros muy amados ftijos de la Parroquia de Salud y gracia en nuestro Señor Jesu Christa. y?^m^ Esde que Dios nuestro Señor, por un solo DSk efecto de su divina misericordia, y provi- Jf dencia paternal, nos encomendó el cuidado de vuestras almas para que como su Pas- tor legitimo , las condujésemos á la vida eterna, no se ha ocupado nuestro corazón de otro ne- gocio, que de el de vuestra salvación. A este fin, hi- jos mios, habernos consagrado de tal manera nuestras tareas, y desvelos, que no sosegamos en el tiempo, que los negocios precisos nos detienen en esta Capital, ni quando nos ha sido posible salir de ella para visitaros y conoceros, nos há retraído la aspereza, y peligro de los caminos, la inclemencia de las estaciones, ni todas las incomodidades, que son propias de largos y peno- sos viagesj por que ocupados siempre del bien espiri- tual de nuestra grey, ningún otro asunto nos es tan interesante, como el de conducirla á qualquier costo al Dios m Dios que nos la h\ confiado. De aqui es, que nuestra espíritu no prueba mas consolación que ver fructificar nuestras fatigas, ni otro disgusto, ó sinsabor, que ver estériles nuestros afanes. Cada vez que tendemos la vista, para registrar la mies vastísima, de que cuidamos, y vemos por la mi- sericordia del Señor, un crecido numero de almas bue- nas, que viven dedicadas al cumplimiento de su ley san- ta, y mejor desempeño de las obligaciones de su esta- do; almas piadosas, que después de haber entendido ea sus negocios domésticos, ó extraños, consumen la ma- yor parte del día, ó humillados en el Templo santo del Señor, suplicándole al pie de sus Altares las gracias necesarias para lograr el fin dichoso para que nacieron; ó exercitadas en otras obras de virtud y caridad, que indispensablemente atrahen sobre ellas las mas abundan- tes bendiciones del Cielo; nuestro corazón, se esparce, se penetra de una santa alegsia; nuestros trabajos todos desaparecen, y el inmenso peso de nuestro ministerio Pastoral, nos parece ligero, y aun satisfactorio en aquellos momentos* Pero por el contrario ¿ Que angustia no se apo- dera de nuestra alma, qiiaado lo que se ofrece á nu- estros ojos son Ovejas miserablemente descarriadas, al- mas viciosas, que olvidadas al parecer de la eternidad que les espera, viven sin otra ley, que la que les su- giere la inclinación de sus pasiones, consumiendo sus dí- as en la ociosidad, en la embriaguez, en la impureza, en el latrocinio, y en todo genero de abominaciones? ¿ Y hasta que punto subirá esta misma amargura, quan- do no solo miramos los desordenes de tantos infelices; sino que también vemos, por un efecto de la mayor y mas lamentable de las desgracias, que desprecian los medios* jftediosj que íes ofrece la misericordia de Dios, para que vuelvan al camino de la salud, y entren de nuevo en su amistad ? A la verdad, hijos míos, # no admiramos, que el hombre se dexe arrastrar alguna vez del pecado. Co- nocemos la fragilidad de nuestra naturaleza, y sabe- mos muy . bien que su miseria, se extiende hasta el ex- tremo de no ser capaz por si solo de otra cosa, que de la maldad y del delito. Lo que nos sorprehende es: que habiendo pecado, no quiera arrepentirse de su cul- pa; lo que nos llena de espanto es: que viéndose apri- sionado coa las pesadas cadenas del Demonio, contem- plándose victima infeliz de los Infiernos, y oyendo las voces de una Madre caritativa, que le ofrece su socor- ro para salir del abismo en que ha caído, cierre sus ©idos á la voz de su clemencia, y le proteste, sino con la boca, a lo menos con los sentimientos de su corazón^ que se complace en su desgracia, y quiere vivir y mo-* rir envuelto en ella. Este proceder abominable, nos parecía que no po- día tener lugar en el corazón del hombre, pero la ex- periencia nos ensena, que este mismo es el que obser- van muchas almas, quiero decir, todas aquellas, que ni por que nuestra Madre la Iglesia les convide á lavarse en sus aguas de las manchas de sus culpas confesando con dolor y arrepentimiento sus pecados, ni por que en vis- ta de stí renuencia les obligue piadosamente severa ba- xo las penas mas temibles á cumplir con estos precep- tos de la confesión y comunión anual, quieren execu- tarlo; sino que cada dia mas corrompidos, añaden á sus desordenes los nuevos delitos de su desobediencia, y su obstinación, sepultándose de este modo en un abismo de males, de que se origina precisamente la mas grande re- laxacion laxación de las costumbres, el adormecimiento en la cu!* pa, y el fastidio y aversión á la virtud, de que nacen las perniciosas discordias, que se ven con tanta frecuen- cia en los Matrimonias, I a mala educación de los hijos¿ y los mortales odios, que despedazan las familias* de que proviene en fia la ultima de las desdichas, que es la ceguedad del entendimiento, la dureza del corazón, y por una justa y necesaria coasequencia la impenítencia final, y la condenación eterna. Tales son, hijos rnios, los tristes efectos del despre-* ció de estos preceptos de la Iglesia, y no nos cansamos -de extrañar como vosotros, que mediante las luces de la fe, y de la religión lo conocéis asi, y aún á pesar de vuestra corrupción, teméis continuamente este golpe tan merecido de la justicia de Dios, vivis sin embargo dis- puestos á no confesar vuestros pecados. ¿ Que es decid*» nos lo que os intimida, lo que os detiene ? Si el Demonio padre legitimo de Iw mentira, f del error, os ha llegado á persuadir, que la multitud, y enormidad de vuestros pecados os hace indignos de la misericordia, y del perdón, y que á consequencia es inútil que os confeséis; yo os digo por el contrario, y os protesto en el nombre del Señor, que esta es una ilusión, y un engaño con que el enemigo de las almas quiere asegurarse de las vuestras, impidiéndoles el un¡« có recurso, que les queda para libertarse de las cade- nas con que las tiene aprisionadas. No, hijos mios, no hay pecador por mas perverso, y criminal que sea, á quien la divina misericordia no esté dispuesta á recibir en qualquier tiempo, y á qualquier hora que se con- vierta de veras al Señor, no hay llaga por mas pro- funda y mortal, que no se cure con la sangre de Jesu Christo, ni alma tan negra, que no se limpie, y quede blanca, ._ - :_ blanca, «i se baña en las christalinas aguas de la verde* dera penitencia. Está muy bien, que hayáis sido los pecadores rnae iniquos, y abominables, que vuestra vida se componga de una continuada repetición de robos, embriaguezes, adulterios, impurezas, homicidios, y otros delitos tanto, ó mas enormes: supongamos que habéis hecho pactos expresos con los Demonios, y entregadoles escrituras de vuestras propias almas, y que vuestras abominaciones ban llegado hasta el extremo de substituir al culto del verdadero Dios, el de los mas infames ídolos,, ofrecién- doles inciensos, y adoraciones. Sin embargo hijos, to- das estas iniquidades tan grandes á los divinos ojos 6on nada respecto á las misericordias infinitas del Señor, y el esta pronto á perdonároslo todo, y lúa á olvi- darse de ello si se lo suplicáis de corazón, y verda- deramente arrepentidos las depositáis en el seno de sus. sagrados Ministros, que os oirán con compasión, y ca- lidad en el Tribunal de la Penitencia. Si os acobarda acaso la vergüenza de hacer á un hombre, la relación de unas acciones feas, y crimi- nales, que habéis procurado cometer con el mayor se- creto, y ocultar hasta de la misma luz del dia, traed a vuestra memoria, que esta es una ligera confusión, en comparación á la que merecéis por vuestras culpas, y con la que os vais á libertar de aquella vergüenza, y confusión eterna, que espera al. pecador impenitente el dia que Dios le llame á juicio. Pensad, que asi como entonces todos vuestros pecados se representarán á la faz de todas las criaturas, y no se tratará sino de con- fundiros, y deshonraros para siempre; ahora todo va á quedar sepultado en el pecho del Confesor, que os oye, y que siendo compuesto de la misma masa corruptible que que vosotros teniendo las mismas pasiones, las mismas miserias^ las mismas enfermedades, é inclinaciones, no extrañará por cierto ninguna de vuestras flaquezas; an* tes por el contraríe^, quanto mas criminales os le ma- nifestéis, tanto mas compasivo se os mostrara, tanto mas redoblará sobre vuestras almas su vigilancia, su cari- dad, y sus cuidados, y penetrado su corazón de ^ues^ tra infelicidad, llorará con vosotros vuestras miserias como un verdadero y amoroso Padre, y no tratar^ co- mo sabio y caritativo Medico, sino de restituiros á ia salud de la gracia mediante las medicinas mas oportu- nas, y mas suaves. Si la idea de que el Confesor, podrá llegar á des- cubrir algunos pecados, que le confesáis os intenta re-* íraher de este Sacramento, aseguraos, y detestadla co- mo la mas peligrosa tentación del enemigo. Nada hay que temer por esta parte. Ei Confesor, que há oído vu- estra acusación, preterirá la muerte mil veces si fuera dable, antes que descubrir el mas ligero de vuestros pe- cados. Ni en sus palabras, ni en sus acciones le es li- cito hacer uso de las noticias, que há adquirido en la confesión. La Iglesia está vigilantisima sobre esta ma~ íeria 3 y la mas pequeña indiscreción del Confesor en este punto, seria castigada con severisimas penas. Vuel- vo á repetirlo, aseguraos, y estad persuadidos, que los Confesores todos, os pueden decir con verdad lo mis^ mo que el P. S. Agustín decía en otro tiempo exorían- do á sus hermanos. ,, Todo lo que vosotros habéis de- „ positado en mi pecho por la confesión, me es mas des- „ conocido, que lo que toda mi vida he ignorado.'* Por ultimo, hijos mios, si alguna pasión dominan- te os tiene poseídos, si alguna ocasión vehemente os ha arrastrado hasta el punto de creer, que no sois ca- paces paces de resistir h la primera, ni separaros de la segun- da, y que en estas circunstancias lastimosas no estáis en disposición ni de arrepentiros, ni de confesaros; no obstante procurad hacer un esfuerzo, y qoando sea tal vuestra miseria, que no os resolváis á confesaros, lle- gad á lo menos al Tribunal sagrado, y humillados á los píes del Ministro de Jesu Christo abridle alli vuestro corazón, consultadle de vuestro estado* y pedidle, que os aconseje, que os indique los medios de poder ven- ceros, y triunfar de los poderosos enemigos, que no os dejan entrar en los caminos del Señor. Esta sola dili- gencia comienza á prepararos la victoria. Encontrareis en la persona del Confesor un amigo interesado en vu- estro bien, que agotará todos los recursos en favor vu- estro, y os proveerá de remedios poderosos para que salgáis de vuestra aflicción, y dexeis con facilidad vu- estros pecados. Dios contento por decirlo asi, de esta violencia, que os habéis hecho, y de los deseos, que ma- nifestáis, dará tal fuerza, y tal unción á las palabras del Sacerdote, que vuestro corazón se hallará repentinamen- te trastornado, y la confesión que pocos momentos an- tes no os resolvíais á hacer, 6 la comenzareis con la- grimas alli mismo, ü os levantareis resueltos á hacerla oportunamente, sin que tengáis gusto^ consuelo, ni tran- quilidad hasta haverla verificado. La gracia del Señor^ destruirá los esfuerzos del Demonio, y vuestra alma agoviada baxo el peso de sus cadenas, y en vuestro concepto sin arbitrios para escaparos de ellas, encontra* rá un medio suave de obtener una santa, y perfecta libertad. Ea, hijos muy amados, abrid los ojos á la verdad, y reconoced vuestro error. No os hagáis sordos k los silbos de vuestro Pastor^ que no tiene mas inte- rés¿ ! ! *es, que etcusar el precipicio de sus descarriadas cve- juelas. Avergonzaos de la temeraria obstinación, que os ha conducido á las puertas del Infierno, y oid la voz de vuestro Padre, que ansioso de vuestra salva- €¡on os ruega por Jesu Christo, como lo hacia el Após- tol á los Fieles de Corinto, que os reconciliéis con Dios. Os habernos desvanecido quan* tos obstáculos se os pudieran ofrecer para impediros una confesión humilde, y dolorosa. Aprovechaos de es- te beneficio, que Dios os franquea hoy, y que no es- tamos seguros, si os Jo concederá mañana. Vuestra fe- licidad, vuestros intereses, vuestra salud lo demandan, y sin embargo, nos os lo suplicamos, os conjuramos para que lo hagáis en el nombre de Jesu Christo, en nombre de su sangre, de sus llagas, de sus méritos, de su Cruz, reconciliaos con :J3ios, el remedio es pronto, es dulce, es infalible, y despreciarlo, sera sin duda po- ner el sello a vuestra reprobación, y obligarnos á que deponiendo á pesar nuestro toda ternura, usemos con vosotros del rigor, imponiéndoos las penas que nuestra Madre la Iglesia tiene dispuestas contra aquellos hijos re- beldes, que no quieren cumplir con los preceptos de la Confesión, y Comunión anual Excusadnos, os suplicamos, escusadnos, la aflic- ción de vernos en esta necesidad, y dóciles á nuestras insinuaciones, venid sin dilación á ..buscar vuestra salud á la sagrada Piscina de la Penitencia. N© os detenga el que se ha pasado el tiempo destinado para el cum- plimiento de esta obligación. Nos, en favor vuestro, y en uso de nuestra autoridad lo abrimos de nuevo, con- cediéndoos, como por esta os concedemos, treinta dias de termino para que en ellos la cumpláis. Pero si ( lo que ao permita el Señor) endurecidos en vuestros vici- os, «% despreciareis nuestras amonestaciones, mandamos a vuestro ParrocOjSque cumplido el sobredicho termino, publique en la * Iglesia al tiempo de la Msa mayor a todos los contumaces, ¿ designándoles por sus nombres, y apellidos^ bien¿ qye> concediéndoles en nuestro nom- bre un nuevotermino de quince días, para que lo exe- cuten, los quales cumplidos, ,* nos dará cuenta con una nomina donde conste cada uno de los que no lo hayan hecho para proceder contra ellos a lo que haya lu- gar. Y ra&tófcnos,- que* esta- nuestra: Carta,, sea ieida en esa Parroquia^ ínter Missüvum solemnía en tres dias festivos, para que asi pueda? llegar á noticia de todos. Dada en nuestro Paíaeío Arzobispal de la Nueva Guatemala á 25 de Octubre de iS 04. Luis? Arzobispo^ de Guatemala^ o Por mandado de S. S. Y. el Arzpo. mi Sn Tsidro Quinten* Secretario* • tí x*. --- _