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' í . *.' í'^- »y. , , \ i. í . ^ - t. v.^ *~l V..I ' - / "^r T • • • ■ L.ij5 .J V 1 C f- V % f .f " íl re 7 >■ - ■!* ■ ) 7 N '• t Ui f¡ , . •.^- li i ■;¿'. * • ‘ A -. . J •■ . > 4 ' i* - V. V ' y é‘ ^ -•*- V / 'f-, '• •■ ^ -.■m i ■ V . ■ ♦ ‘^ ■ .• 4 -vW ; i T ' r-w . . .^ -» r *4 V ^ i • . • •.. ^ %í'> j ' . - ■ •- -«•> •• . m' » • • y - - í. ♦ ^ ^ I ^ ^ Ki ' ^*í> *>íiíj *‘.)jiii4*r* ^ ' tüi i.*- ?-í í-i 1 # - k '. í<: NOS Dr. D. FRANCISCO XAVIER de Lizana y Beaumont,por la gracia de Dios y de la Santa Sede Apostólica Arzobispo de México, del Consejo de S. M. &c. A todos los Eclesiásticos residentes en esta Ciudad de México. Salud en N. S. J. C. .ERMi\NOS dilectísimos: Comienzo á ha- blaros con unas eloqiientes palabras de S, Agus- tín: n No quiero (decía á su Pueblo) me miréis « como rígido Juez ó Padre severo, sino como jvajuorosa- Madre de vuestras almas, que no solo « deseo adornar con las joyas de las virtudes, « sino aplicarlas las medicinas para la curación de sus dolencias. Toda mi solicitud y estudio \J w es unir en ellas lo que se ha desprendido, po- « ner en su lugar lo dislocado, reparar lo roto , curar, lo podrido, mundificar lo asqueroso, le- ^•> vantar lo arruinado, y hermosear. -con espiri- « tuales y preciosas margaritas las conciencias « que ya se hallan en pieríccla sanidad. » Esta solicitud de Agustino era el estímulo que traía O i 2 á San Pablo en continuo movimiento, y que hi- zo gloriosas las fatigas de San Cárlos Arzobispo de Milán. Yo, aunque indigno sucesor de estos grandes Pastores de la Grey de Jesuehrisio, me hallo encargado del misino cuidado. No menos á mí que á aquellos, amenaza el Señor, diciendo: Ay de vosotros Pastores de Israel , que no cui- ji dais de fortalecer los ánimos flacos, de procu- V rar la salud á los enfermos, de unir lo dividi- •)■) do ó quebrado , de levantar en brazos de una « filial confianza á los que yacen enfermos, y de » buscar solícitos á qúantos se pierden por vues- « tra negligencia. w Había oido, con amargura de mi corazón, que algunos Eclesiásticos, así de nuestros súb- ditos como de los que vienen á esta Corte de otros Obispados, olvidados del buen exemplo que en todas partes deben dar al Pueblo , con- currían á las Comedias que aquí se representan. No lo creí ligeramente, persuadiéndome sería una impostura de tantos mundanos como están observando las acciones de ios Ministros de Dios, para fomentar la crítica maligna que por nues- tra desgracia sufrimos en los presentes tiempos. Juzgué desde luego, que los Sacerdotes juicio- sos, de buena conduéla, y que viven conforme . 3 á la santidad de su vocación, lejos de ir á las Comedias las abominan , y aconsejan á los. Fie- les no concurran á ellas. Pero habiendo querido averiguar la verdad por medios prudentes y si- gilosos, he hallado ser cierto que algunos fre- qiientan el Teatro. Pudiera desde luego corre- girles, y aun castigar á aquellos que por infor- mes verídicos é indubitables, y de que tengo una lista reservada, me consta han faltado en esta parte á lo mandado por los Cánones y Con- cilios Generales y Nacionales Aquisgranense , Agatense, Laodicense, Nannetense y otros, atropellando las santas Leyes de la Iglesia, y escandalizando con su mal exeraplo á muchos. Pero no es este el espíritu de Jesuchristo ni el de su Iglesia. Al castigo debe preceder la cor- rección fraterna y suave, reservando la pena pa- ra el caso en que aquella no sea admitida. Ved ya la razón porque, sin ofender á alguno en par- ticular, y hablando con todos generalmente, quiero daros este aviso amoroso, y haceros ver que la diversión de las Comedias no es permiti- da á vuestro carácler, esperando que convenci- dos de unas sencillas y íamiliares reflexiones que os voy á hacer, tendré el consuelo de que obedeceréis, y que no daréis lugar á que use de r \ 4 mi Potestad con el castigo, que os aseguro me es reoLigiiaote , y que ja mas impondré ni en éste ni en otros delitos, sino quando después de re- prehendidos , os halle contumaces y i’ebeldes. üidme pues con docilidad. Bien sabéis la ventajosa distinción que Dios ha puesto entre los Clérigos y el Pueblo, la san- ta profesión que los ha retirado del Mundo , la alteza de su ministerio, y -el buen exemplo que deben dar á los Fieles. Todo esto pide por su naturaleza que tengan recreaciones mas nobles y de mayor edificación que las Comedias, espeédá- culos públicos y otros pasatiempos profanos ; y con evidente razón. Porque como todas estas re- creaciones son de sí peligrosísimas, enflaquecen el vigor del espíritu, disipan el corazón, encien- den las pasiones con los soplos de sus atraélivos; y si se permiten á los Seculares, no es sino con grandes precauciones, muchas reservas, y zelo continuo de los Magistrados. Por lo que es ma- nifiesto, que están justísimamente prohibidas á los Eclesiásticos , obligados por su estado y pro- fesión a huir quanío puede amortiguar su fer- vor , enervar las fuerzas de su espíritu , causar disipación en su corazón , fomentar el amor del siglo y pasión á los placeres, y engendrar en 5 ellos el espíritu del Miando, de que ya renun- ciaron en el momento que se agregaron á la Mi- licia Clerical, escogiendo á Dios por su parte y su herencia. Si los Eclesiásticos no quieren cerrar los ojos á toda luz, no pueden dexar de confesar, que habiéndolos elegido Dios por su porción, renunciando al Mundo, no solo en el Bautismo como todos los demas Fieles , sin5 en la entrada al orden Clerical, no les es permitido tomar par- te en sus vanos y profanos pasatiempos , y que, deben dexar á los amadores del siglo los place- res engañosos , de corta duración , de ninguna solidez, y llenos de disgusto y amargura, á lo ménos en la hora de la muerte, en la que des- cubriéndose las cosas como son en sí , verán to- dos quan triste y amarga es la concurrencia, á tales asambleas. Y ved la razón porqué vosotros con vuestra abstracción y desprecio debeis ma- nifestar á los amadores del Teatro, que aspiráis á otros gozos mas puros , permanentes y capaces de llenar el corazón, y que teneis vuestro pla- cer y satisfacción en otras cosas muy superiores á las que arrebatan y se llevan tras sí á los del Mundo. Añadid á esto , que los Seculares notan de ó espíritus ligeros, vulgares y poco ajustados á los iicIesíasLícos entregados á los pasatiempos del Mundo, y pierden el respeto á los epue buscan siurccreacion en íiinciones agenas de su estado, y olvidados de los grandes regalos c ineíables dulzuras á que son llamados, no temen descar- gue sobre sí aquella amenaza del Profeta; n Ay w de los que ponéis vuestro gozo en la nada. « Acordaos que todos los que son de Jesuebristo, según el Apóstol, deben crucificar su carne con sus apetitos : que este principio de nuestra Reli- gión no se conforma con los placeres del Mun- do: que una vida sin mortificación , blanda y suave, ordinariamente es una vida de pecado; y que es bien difícil unir la severidad dcl Evan- gelio con la recreación de los sentidos. Y si esto lo acredita la experiencia aun en los placeres inocentes ó indiferentes, ¿qué se podrá decir de los del Teatro, á los que no podemos graduar- los así, y en los que, aunque un Eclesiástico no sintiese algún daño respeclo á sí mismo, no po- drá negarse que se expone al peligro , y que puede perecer en él, y mas diciendo San Ge- rónimo, que no cree al que diga que del Teatro sale sin daño de sujdmá. Bien ved me diréis, que es necesario dar X n algún descanso y desahogo al espíritu, opriu ido muchas veces con el estudio, el trabajo, y no pocas coa la amargura interior. No lo nie- go; ¿pero precisamente habéis de buscar ese des- ahogo en las Comedias? ¿Tendréis por recreo -io une ha hecho levantar la voz uniforinemení ■eontra su oractica, a aquellos iiombres cscopi- 1- i O para defender su doctrina y tzonfu- ;tar el error ? [ Ah hermanos ! Yo me liaría inter- si quisiera recordaros algo de lo mu- IT ■dos de Dios I w «I minabl cho que hablaron contra las Comedias los Ter- tulianos, Ciprianos, La^clancios , •Gerónimos y Agustinos. Libros enteros nos dexaron llenos del .divino fuego para abrasarlas. 'No es de mi ins- pección ahora tratar de io que son en sí , ni mu- cho menos de la facultad que p>or las leyes tie- nen los Príncipes y Magistrados para permitir- las como conducentes á su buen gobierno políti- co, y .estorbar mayores daños; pero sí deciros ser enteramente prohibido á todos los Ministros de la Iglesia con rigurosas penas,. asistir á todas aquellas concurrencias profanas en que reyna el espíritu del Aíundo,-como tragedias , comedias, toros , y otros concursos á este modo, según que •se puede fácilmente ver en .San Cárlos Borro- meo, San Francisco de Sales, el gran Pontífice Benedicto XIV. y otros. » V, y'i'' I 8 Una sola cosa .no puedo omitir, one es la idea que dá de las Comedias el grande Obispo de Constantinopla San Juan Chrisósiomo ( i ) . Grandes males traen las Comedias a las Ciu- ■>■) dadesjy tan grandes, que no alcanzamos quanta « sea su magnitud , porque el pudor de las don- ■>1 celias se disminuye, los mozos se hacen atrc- n vidos é insolentes, y los viejos renuevan sus » antiguas impurezas. De las Comedias se origi- n nan (prosigue el Santo ) los casamientos dcs- 5? graciados, los hurtos, los rohos,sÍn otras mu- r; c*ias maldades, que apénas se oyeron en los « p^asados siglos, No creo que en las de esta Corte se experimenten tan fatales resultas, por- que es bien notorio el zelo y vigilancia del Go- bierno para evitarlas 4 pero es innegable que en toda representación se verifica lo que el mismo Santo añade (2): w Concurren (dice) en los Tea- « tros las palabras melosas, las canciones mun- n dañas, las voces que con- vehemencia pn'ovocan, « los ojos hermoseados, y las mexilias pintadas « y coloridas: Todo el adorno y compostura del tt cuerpo con artificioso aliño, sin otras halagüe- •>•) ñas circunstancias dispuestas con arte para lla- 55 piar á ios oyentes y fomentar sus pasiones. Au- (i) Hom. VI. In Matth. (2) Hom. XXXVIII. in Mattfa. « méntiise el peligro (continúa) con los ecos so- V noros de los instrumentos músicos tan dicstra- n mente tocados , capaces de ablandar el ánimo del mas austero Anacoreta. « Y á la verdad, si hasta en el mismo santo Templo, donde solo se ojén los cánticos sagrados, donde solo se escu- chan las divinas alabanzas, donde rejna el temor reverente á Dios , aquí mismo se atreve á intro- ducirse el torpe pensamiento , escalando el cora- zón humano á manera de ladrón astuto , ¿ como es posible que los que asisten al Teatro puedan defenderse de la concupiscencia? ¿ Y será lícito á un Eclesiástico autorizar con su presencia estos .actos, y emplear en sostenerlos las rentas que son el patrimonio de los pobres? Si todo, lo que gasta eTClérigo, ademas de su honesta susten- tación y decencia, es un hurto secrílego, según San Bernardo, ¿no lo será emplear el dinero en esta clase de diversiones? Pensadlo bien, Seño- res míos, y leed al Angélico Doctor (i). No ha- llaréis doétrina mas clara para reprobar la con- currencia á las Comedias aun en los Legos, Y si vosotros sois los Doétores de la ley y la luz del ( I ) ínspeEíio speBaculorum vitiosa redáltur^ ¡n quantum per hoc homo fit pronus ad vithvel lascivias ^ vel crudehtatls^ per ea quee ihi reprcesentantu)\ S, Thoai. 2. 2. g. 1Ó7. a. 2. ad 2. lO Mundo para guiar al Pueblo, ¿qué liará éste si Tc vuestra asistencia á los Teatros? Todos los Le- gos se miran en tí como en iin espejo (decía S. Ge- rónimo á Eliodoro) : según tu jueves . sernn ellos: verdad anunciada ha muchos siglos por el Espí- ritu Santo: sicut populas sic Sacerdos. L si por au- torizar el Sacerdote ios Teatros con su rresen- ■i eia, creen los Seculares ser una diversión ino- cente, y baxo este engaño se pierde alguna alma, ¿qué sucederá? Ya lo sabéis: almap-or alma: pa- gar con la vuestra. O Yo quisiera pues, que convencidos de que 03 digo la verdad y nada exagero, dieseis crédi- to á mis palabras: quisiera también que conslde- ráseis seriamente , que según máxima cierta de iá Religión que profesamos, y la obligación que tenemos los Eclesiásticos de aspirar á la mayor perfección, aquellas recreaciones son inocentes que son necesarias á la fiaqueza humana, y faci- litan la aplicación al cumplimiento de las obli- gaciones serias y esenciales del estado ; y que so- lo pueden justamente apetecerse, y lícitamente procurarse, las que no disipan el corazón, sino que dándole algún descanso, le pionen mas dis- puesto, mas fuerte y alentado para volver de nuevo al trabajo y á ios oficios de piedad. D.e- 1 I cidmc pues ahora: ¿a.1 salir cíe las Comedias y otros semejantes pasatiempos mundanos, os sen- tís en mejor disposición para rezar el Oficio di- vino , meditar las cosas celestiales en la oración, llorar á los pies de Jesuchristo,como medianeros entre Dios v los hombres, los desórdenes de los *J ^ pecadores, satisñicer las injurias de la'^divina Ma- gostad, y aplacar sus enojos con el sacrificio di- vino del x^itar? Decidme mas: ¿estáis entonces mas devotos, mas prontos y fervorosos para las cosas del servicio del Señor, y con nuevo vigor Y espíritu para entender en el cumplimiento de las gravísimas obligaciones de vuestro estado ? O O iNo podréis ciertamente decirlo, si no es que, dominados de la pasión á los placeres, queráis manifiestamente desmentir lo que experimentáis en vuestro interior^ porque vo no dudo, que sL os mantenéis en vuestro modo de pensar en esta materia, no piuede nacer de ignorancia, ni dexa- reis de sentir en vuestra conciencia los remordi- mientos para conocer Cjiie obráis mal, que des- honráis a vuestra Madre la Iglesia, y afrcnlais á todo el Clero quériendo detender unas diver- siones reprobadas por los Santos Padres como p'cligrosas, contrarias á la inocencia, y opuestas al espíritu de un Chrisiiano , que siendo discí- I 2 pulo de un Dios crucificado, no debe seguir otro camino que el de la cruz y penitencia, si es que no quiere arriesgar su salvación siguiendo el ca- mino ancho, que según la expresión del Evan- gelio , es la puerta espaciosa por donde van tan- tos al- Infierno, y huyendo del estrecho que guia al Cielo , y por el que entran pocos. Y esta es la razón en que me fundo para deciros también, c!ue no solamente no os es lícito asistir á loS Tea- J. tros, sino que también debeis (á no ser que es- téis desnudos del zelo de la gloria de Dios y salvación de las almas) aconsejar á los Fieles se retiren de ellos. ¿Pues porqué permiten estas diversiones? me preguntaréis. A esto se responde fácilmente con lo que Jesuchristo dixo á los Judíos sobre el libelo de repudra que permitió Moyses: Ad duritiam cordis vestri: por la dureza del corazón humano , por evitar mayores males. Sí Señores : la razón , la prudencia y la política compelen á la Superioridad para que permita un mal menor por evitar un mayor mal. jNo por otra causa en muchos Reynos católicos se hallan casas' de- putadas para Mugeres públicas, hay Sinagogas de Judios, varias seélas de Hereges, y otros ma- les. ¿ Os atreveréis vosotros á decir que es lícito 13 ^ el meretricio, porque se tolera? ¿Que es peniii- tido abrazar el Judaismo ó el Hereiicisino, por- que se permite? Decidme: porque Dios calla, porque Dios sufre y peruiite los pecadores coa asombrosa é incornprehensible paciencia, ¿dexa- rán de serle aborrecibles los pecados, ó se olvi- dara de castigarlos cou una eternidad de tormen- tos? Porque no hizo 'descender un rayo desde las nubes, que reduxera á ceniza á acjuel hombre atrevido é insolente que atropelló á aquella jo- ven, ¿eréis que no será digno del intierno su pecado? Porque no mandó á la tierra que se abriera y tragara vivos á los, maldicientes , so- berbios, iracundos, vengativos, traydorcs y vi- nolentos, ¿pensáis que agradarán a Dios estos pecados? Porque no dió licencia al Demonio oue llcvára la alma de aquel ladrón , que retiene in- justamente la hacienda agena; de aquel murmu- rador maligno, que robó la buena reputación de aquel caballero , que destruyó la l’auia y cré- dito de aquella señora, ¿presumiréis que estos pe- cadores no serán destinados ^ los braseros eternos? jAh hermanos! no queráis resistir a tanta luz: conoced lo que' merece la santidad y per- fección de la alta dignidad del Sacerdocio^ y así no habrá juicio alguno bien puesto epe dexe stii /4 . violencia de confesar, que un Sacerdote es muy mal visto en el Teatro; porque aun sin prohibi- ción particular de la Iglesia, la renuncia que hi- zo ya del siglo, la separación del Mundo con que se entregó todo á solo Dios, la vida santa que abrazó, le destierran de toda concurrencia profana. El está obligado por su oficio á inspirar á todos los Fieles , que las divinas Escrituras mandan ser preciso á quien quiere salvarse, te- ner siempre una suma pureza de corazón , guar- dar una exáóla mortificación de los sentidos, vi- vir en continua vigilancia, temer y conocer la fragilidad de la carne, y la astucia del tentador. El Sacerdote debe persuadir al Pueblo el cuida- do con que ha de buscar su último fin , la im- portancia de la salvación, la necesidad de bue- nas obras para ella, y el riesgo de perderse quan- do se expone á las menores ocasiones de ser ten- tado. El Sacerdote debe emplearse en hacer guerra á los vicios, en procurar la honra y glo- ria de Dios, el mayor bien y salud de las al- mas ; en resistir y perseguir la malicia y poder del Infierno; en destruir las máximas del siglo; en dar á conocer que sea del todo aborrecido el espíritu del Mundo y lo peligroso de los deley- tes. Pues ¿que papel hará en una Comedia toda \ , *9. 4 \ «n * V V’ del mundo, toda secular, un Eclesiástico car- gado de tan serias obligaciones? mejor diré ¿qué agravio, qué abominación, qué injuria no hace al sagrado ministerio, á la Santa Iglesia, y á to- do el Pueblo Cliristiano? Por tanto, amados mios, el camino seguro es abandonar para siempre las Comedias, hacer frutos dignos de penitencia por haber concurri- do á ellas. Y en atención á todo lo que llevamos expuesto, os exhortamos con amor paternal, y por las entrañas de Jesuchristo os rogamos, que zcleis el decoro de vuestro estado, no envilez- cáis la nobleza de vuestro ministerio , no autori- zeis con vuestra asistencia los espeéláculos y pro- fanos pasatiempos, no canonizeis con vuestro exemplo su pretendida inocencia , ni alentéis á los Seculares á no temer su peligro ; y finalmen- te , que no toméis para remedio de vuestras fla- quezas , y alivio de las fatigas del espíritu y del cuerpo aquellos desahogos y divertimientos que ha inventado el amor del siglo, presentándolos muchas veces con todos sus atraéiivos j y solo procuréis las recreaciones que os dén nuevo aliento y vigor para entender en las serias fun- ciones de vuestro alto ministerio, w Hay teneis (decia San Cipriano) u ese hermoso Teatro del 1 6 77 Mundo, donde hallaréis mucho que mirar y 77 admirar con el vario, precioso y hermosísimo 77 especráciilo de la naturaleza. ¿Qué Teatro he- 77 cao por mano de Hombres (decia el Santo) se 77 puede comparar con estas maravillosas obras 77 del Señor?, Abierto por el dia á todo el mun- 77 do, patente por la noche á todo el género hu- 77 mano: los adlores, que son todas las criaturas, 77 Siempre en exercicio, y los objetos siempre 77 inocentes, instruélivos ,' grandes, preciosos y 77 magnírícos -77 Y si pasais del Teatro dé la na- turaleza al de la gracia, j qué cosas tan admira- bles y divinas hallaréis en él! Vereis disiparse las tinieblas del Gentilismo , aparecer la luz del Evangelio, y comunicarse la Fe por la gracia de Jesuchrisío á toda carne, á toda nación y to- da gente : vereis unos jóvenes irreprehensibles , unas doncellas castas, unos casados puros, man- tener su inocencia y su candor hasta el último periodo de la vida enmedio de un Mundo cor- rompido, entre compañias de gentes perversas y malignas: vereis unos hombres p'erdidos por al- gún tiempo, responder al divino llamamiento, y trocarse en unos vasos de santidad y de honor: vereis un Saulo, cruel perseguidor de los C! ris- t taños, convertido por la divina gracia en un Pa- 1 n blo Maestro de la Iglesia , Doñor de las gen- tes, y Predicador de la verdad en toJo el uni- verso: un Agustín lascivo , trocado en un Pa- triarca santo: una Magdalena escandalosa: una Egipciaca torpe : una Tais impura, mudadas por ’la gracia en finas amantes de Jesuchristo, y mo- delos de toda virtud y santidad: vereis los ni- ños, los ancianos, los ricos, los pobres, gentes de -todas clases , edades y naciones defender la Fe , con su sangre, y conseguir la corona del mar- tirio: vereis.... pero ¿qué no vereis sobre el Tea- tro de la divina gracia? ¿Y qué en el de la glo- ria? ¡Buen Dios! ¡Qué coro tan cándido de Vír- genes 1 ¡Qué numerosa comitiva de Mártires ! ¡ Qué brillante esqüadron de Confesores 1 ¡ Qué asamblea tan respetable de Patriarcas, Apósto- les y demas Santos! \0h Israelí iquam magna cst dormís Dei^ ^ ingens locus possessionis ejusl ¡Oh Is- rael 1 ¡ quan grande es la casa de Dios , y qué magnífico el- lugar de su morada! Y para que todos quedéis enterados de nuestros justos deseos , mandamos se dirijan á los Curas de esta Ciudad y Arzobispado los exempiares fie estiu nuestra exhortación que fue- ren necesarios : Qüe citen y llamen á todos los Eclesiásticos de cada Parroquia , y en presencia <1 i8 suya la lean , avisándonos si alguno no asiste a esta Junta, y dén noticia á nuestra Secretaría de haberlo así exccutado en el término de ocho días: Asegurándoles, que cendremos el mas po- deroso consuelo de que este nuestro amoroso re- cuerdo produzca el efeélo que deseamos , y el mayor sentimiento de que por no haber mere- cido el correspondiente respeto, nos veamos obli- gados á usar de remedios penales; advirtiendo que en este punto no puede servir de excusa la tolerancia ( si es que la habido ) de nuestros dig- nísimos Predecesores, pues bien sabido ps que ni la tolerancia ni la costumbre pueden prevale- cer contra las leyes de la Iglesia, las que manda el Concillo de Tiento á todos los Prelados re- novemos en quanto las viésemos violadas. Zela- rémos sobre este particular, y no omitirémos ha- cer lo mismo sobre aquellos que en las calles, paseos ú otros sitios acompañan Miigeres á pie, á caballo ó de otro modo, lo que con dolor he- mos visto, y nos parece justo que teniendo esta ocasión tan oportuna de hablar á todos , lo avi- semos, antes de pasar á lo que exige en esta par- te nuestro oficio Pastoral. El Padre de las misericordias* os dé la ben- dición; y la paz de jesuehristo, que, según el 1 Apóstol , excede todo sentido , sea con vosotros para que no olvidéis esta benigna exhortación. México 21 de Septiembre de 1803, Francisco^ Arzobispo de México. Por mandado de S. S. Illma. el Arzobispo mi Señor. Dr. D, Domingo Hernández, Secretario. ■ V, íi j . C 5^?- rs : ^ r», N ^ V * > - i O 4 ^ ^ - *y - i ^ *.-^ V ' ' ' I y . • ^ ' i ; ^ ¿ * é -A. r *^_Af / # ^ - , V y X ^ / I v/ * 4 • .A ^ . . <■ . ‘ , J. 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